La primera vez que escuché un Eurofighter romper el bullicio de la gente con su rugido, me pregunté si alguna vez volverÃa a repetirse aquello.
Estaba en la playa, serÃan las ocho y media de la tarde, tenÃa el pelo mojado y el aire frÃo hizo que se me pusiera la piel de gallina, pero eso no importaba. Estaban haciendo una exhibición "Torre del Mar Airshow", se llamaba. De todos los aviones que surcaron el cielo aquella tarde, el Eurofighter fue el que más me impresionó.
Casi rozaba el agua cuando pasaba a ras del mar, podÃa sentir como mi corazón latÃa acelerado, estaba emocionada, me sentÃa eufórica y no sabÃa porqué. El rugido de aquel motor era tan poderoso que hizo enmudecer a la playa atestada de gente, miles de ojos clavados en un avión que hacÃa piruetas elegantes contra un cielo que empezaba a teñirse con los colores de la puesta de sol. Hasta los pájaros hacÃan reverencias ante aquel gigante de hierro.
Nadie se paró a pensar para qué estaban hechos realmente aquellos aviones.
La segunda vez que escuché un Eurofighter, no estaba en la playa, no estaba disfrutando de un espectáculo aéreo.
Estaba en casa, bajo la mesa, mi corazón volvÃa a latir acelerado, pero no era emoción lo que sentÃa, era miedo, era el pánico de saber que afuera en la ciudad los gritos que se oÃan no eran de asombro o alegrÃa. Eran aullidos de dolor.
La guerra habÃa estallado, esta vez no era un simulacro.
Pero debió serlo. El viento silbaba en la carretera, era fiero y salvaje tal y como yo me sentÃa cuando atravesaba a toda velocidad aquellos caminos lejos del bullicio de la ciudad. A lo lejos la niebla lo cubrÃa todo con un espeso manto poco tÃpico de los dÃas de verano.
Era un dÃa casi tan nublado como mis sentimientos. Y sabÃa que en algún lugar estaba Él, pero no querÃa, o no podÃa venir a salvarme. Y deseaba que en algún lugar estuvieras Tú, y volver a ahogarme en las ganas de más noches en ruta.
Mis deseos se hicieron realidad.
Me ahogué.
Y estabas tú en un suspiro silencioso y demoledor.
Pero como ya he dicho antes, no era noche
y yo no estaba en Ruta.
Te quise, te quiero, te querré. Y eso no lo cambia el paso del tiempo.
Mientras miraba por los enormes ventanales del autobús, podÃa sentir como me engullÃa la noche, como me iba haciendo más y más pequeña.
El traqueteo de las ruedas en ruta que me hacÃa sumirme en un pequeño letargo de paz. El ruido del motor entremezclándose con la música de mis auriculares que hacÃa que todas las canciones que siempre habÃa escuchado sonasen diferentes, únicas. Cada pueblo tenÃa su propio ritmo y yo querÃa bailarlos todos.
Encontré una historia en cada parada. Un susurro en cada rincón. Un secreto en cada semáforo en rojo.
Me enamoré de las Noches en Ruta.
Mientras miraba por los enormes ventanales del autobús, podÃa sentir como me engullÃa la noche, como me iba haciendo más y más pequeña.
El traqueteo de las ruedas en ruta que me hacÃa sumirme en un pequeño letargo de paz. El ruido del motor entremezclándose con la música de mis auriculares que hacÃa que todas las canciones que siempre habÃa escuchado sonasen diferentes, únicas. Cada pueblo tenÃa su propio ritmo y yo querÃa bailarlos todos.
Encontré una historia en cada parada. Un susurro en cada rincón. Un secreto en cada semáforo en rojo.


