Día II
Pero debió serlo. El viento silbaba en la carretera, era fiero y salvaje tal y como yo me sentía cuando atravesaba a toda velocidad aquellos caminos lejos del bullicio de la ciudad. A lo lejos la niebla lo cubría todo con un espeso manto poco típico de los días de verano.
Era un día casi tan nublado como mis sentimientos. Y sabía que en algún lugar estaba Él, pero no quería, o no podía venir a salvarme. Y deseaba que en algún lugar estuvieras Tú, y volver a ahogarme en las ganas de más noches en ruta.
Mis deseos se hicieron realidad.
Me ahogué.
Y estabas tú en un suspiro silencioso y demoledor.
Pero como ya he dicho antes, no era noche
y yo no estaba en Ruta.
Te quise, te quiero, te querré. Y eso no lo cambia el paso del tiempo.

0 comentarios